Personas duermen en las calles

Periodista. Desde hace seis años colaboro en diferentes medios de comunicación en México, enfocándome en temas de política y derechos humanos.

Habitantes de Juchitán, Oaxaca, tienen miedo a que por las noches malhechores entren a lo que queda de sus casas y se lleven el poco patrimonio que aún cuidan como un tesoro.

Han preferido acampar con colchonetas o sillas afuera de sus hogares, pese a que en los últimos tres días se han registrado más de 928 réplicas del sismo de 8.2 grados en la escala Richter, el más fuerte que se ha sentido en México en 85 años. Datos oficiales estiman que hay unas 800 mil personas viviendo en las calles, en todo el estado.

Para ellos resulta más tranquilo dormir a la intemperie de su propiedad que en los albergues que las autoridades han facilitado y que terminan siendo simples colchonetas al aire libre.

Los únicos que han aceptado ir a esos lugares son quienes vieron desvanecerse lo que por años habían construido.

Odilón López en entrevista.

Odilón López de la Cruz y su esposa han estado sentados en la oscuridad vigilando que ningún desconocido se acerque a su hogar, mientras sus cuatro hijos duermen en la banqueta.

“Estamos a la expectativa, no sé si se dieron cuenta de que una persona estaba queriendo hacer de las suyas por ahí, ya lo sacaron los vecinos. No puede uno estar tranquilo, tengo que estar por lo menos yo despierto para que mis hijos descansen”, dice a El Heraldo de México en un recorrido realizado la madrugada de ayer. El terremoto del jueves destruyó 60 por ciento de su patrimonio -la camioneta quedó destrozada al caerle un muro, sus artículos electrónicos terminaron aplastados, paredes y techos cuarteados-, sin embargo, el taxista de profesión confía en que podrá salir adelante con las pocas cosas que rescató.

Para Guiexva Escudero no hubo nada que salvar. La madrugada del jueves estaban por dormir, cuando un “brusco” movimiento los tomó desprevenidos, “supusimos que era un temblor normal, pero cuando salimos, la casa se derribó completamente”, narra.

Al quedar desamparados, un vecino les permitió a los 12 integrantes de su familia pernoctar aquella noche, “ni dormimos”. Al amanecer acudieron desesperados al palacio municipal a buscar ayuda; ahí la única solución que les dieron fue que acudieran al albergue en el Instituto Tecnológico del Istmo.

(CONTINÚA LEYENDO)

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